¡MUCHO CUIDADO AL COMPRAR POLLO EN EL MERCADO! ESTO ES LO QUE DEBES REVISAR ANTES DE LLEVARLO A CASA
hace 6 días
Comprar pollo fresco parece una tarea sencilla, pero observar algunos detalles antes de llevarlo a casa puede ayudar a reducir riesgos relacionados con alimentos en mal estado o una manipulación inadecuada.
Una imagen que circula en redes sociales muestra diferentes piezas de pollo crudo expuestas en un mercado, mientras un círculo rojo destaca una zona específica de una de las piezas. La fotografía ha generado advertencias entre usuarios, aunque lo señalado no permite confirmar por sí solo que el producto esté contaminado.
NO TODO CAMBIO EN LA CARNE SIGNIFICA QUE ESTÉ DAÑADA
El pollo crudo puede presentar diferencias naturales de color, textura y apariencia dependiendo del corte, la cantidad de grasa, la piel y el tejido expuesto.
Una zona más oscura o rojiza no demuestra automáticamente que exista una enfermedad, parásito o contaminación.
Por eso, tratar de diagnosticar la seguridad de un alimento únicamente mediante una fotografía puede llevar a conclusiones equivocadas.
EL OLOR ES UNA DE LAS SEÑALES IMPORTANTES
Cuando el pollo comienza a deteriorarse puede desarrollar un olor desagradable o claramente diferente al habitual.
Si al abrir el empaque existe un olor fuerte y persistente que genera dudas, lo más prudente es no consumir el producto.
También debe prestarse atención a cambios importantes en su superficie.
CUIDADO CON UNA TEXTURA EXCESIVAMENTE VISCOSA
El pollo fresco normalmente permanece húmedo, pero una superficie excesivamente pegajosa o viscosa puede ser una señal de deterioro.
En ese caso, cocinarlo no necesariamente convierte un producto deteriorado en una opción recomendable.
Ante dudas importantes sobre su estado o conservación, lo más seguro es descartarlo.
LA TEMPERATURA ES FUNDAMENTAL
Uno de los mayores riesgos puede encontrarse en algo que una fotografía no muestra: la cadena de frío.
La carne de pollo cruda necesita mantenerse correctamente refrigerada. Dejarla durante demasiado tiempo a temperaturas inadecuadas puede favorecer la multiplicación de microorganismos capaces de provocar enfermedades transmitidas por alimentos.
Al comprarla, conviene llevarla rápidamente a refrigeración y evitar dejarla durante períodos prolongados dentro de un vehículo o expuesta al calor.
NO LAVES EL POLLO CRUDO
Aunque muchas personas acostumbran lavar el pollo antes de cocinarlo, hacerlo puede dispersar pequeñas gotas contaminadas hacia el fregadero, utensilios y otras superficies de la cocina.
La cocción adecuada es la encargada de eliminar muchos microorganismos peligrosos.
También resulta importante lavarse las manos después de manipular carne cruda y limpiar correctamente tablas, cuchillos y superficies utilizadas durante la preparación.
EVITA LA CONTAMINACIÓN CRUZADA
El pollo crudo debe mantenerse separado de alimentos que se consumirán sin cocinar, como ensaladas, frutas o alimentos ya preparados.
No utilices el mismo cuchillo o tabla para cortar pollo y posteriormente preparar otros alimentos sin haberlos lavado correctamente.
Estos pequeños cuidados pueden reducir considerablemente el riesgo de contaminación cruzada.
COCINARLO COMPLETAMENTE ES ESENCIAL
El pollo debe alcanzar una cocción segura también en las partes internas más gruesas.
Un termómetro de cocina es una herramienta mucho más confiable que juzgar únicamente por el color exterior.
Además, si el producto presenta un olor claramente desagradable, textura extraña o existen dudas sobre cómo fue conservado, cocinarlo no debería utilizarse como excusa para consumirlo.
¿QUÉ MUESTRA REALMENTE LA IMAGEN?
La fotografía presenta pollo crudo expuesto en un establecimiento junto con otros alimentos. El círculo rojo simplemente destaca una zona del producto cuya apariencia resulta llamativa.
No es posible determinar mediante esa imagen si existe contaminación, enfermedad o algún parásito.
CONCLUSIÓN
Revisar el pollo antes de comprarlo es una buena práctica, pero no debemos convertir cualquier detalle extraño en una señal automática de peligro.
La conservación en frío, higiene, separación de alimentos crudos, correcta manipulación y cocción completa son factores mucho más importantes para reducir riesgos.
Cuando un producto presenta características claramente anormales o existen dudas razonables sobre su conservación, la opción más segura es no consumirlo.
